Aquellos que han dejado de intentar impresionar a los demás no son solo confiados o indiferentes: han desbloqueado un estado psicológico que les permite decir no sin culpa, permanecer en silencio sin ansiedad y celebrar los éxitos ajenos sin celos, un avance vital en la sociedad española donde la presión social por destacar afecta el equilibrio emocional de muchos ciudadanos.